El Mensajero [cuento]


Mi nombre es Antonio y trabajo de mensajero, pero las encomiendas que suelo transportar no son comunes; generalmente suele ser mercancía o material bastante delicado y confidencial. De hecho si me buscas para que te haga un envío no me encontraras en las páginas amarillas o en directorio alguno, debes contactarme por medio de alguien que haya requerido mis servicios.

Los paquetes los llevo a donde deseen y con confidencialidad absoluta, eso sí mis precios no son baratos, y aunque muchos se quejen me gusta creer que cobro lo justo.

Sustancias ilegales (drogas)? Trato de no transportarlas, por ello antes de aceptar un pedido me cercioro primero que no se trate de drogas, pues si me atraparan con ellas mi carrera habría terminado.

Tengo unos cuantos años en el negocio, más de diez, y en todo este tiempo he transportado muchas cosas, paquetes pequeños en su gran mayoría, pero de gran valor, valijas con secretos industriales, micro films -si aun son usados- archivos informáticos, algún medicamento raro, y hasta alguna que otra parte humana. Pero hay un trabajo que recuerdo mucho, déjenme que se los cuente.

Era un día soleado y caluroso de agosto, uno de esos días en los que provoca estar en una playa sola sentado bajo un toldo y con una piña colada en la mano, pero en lugar de eso estaba en la cuidad, a unos doscientos kilómetros del mar y varado en un embotellamiento. Cuando recibí una llamada al celular, era de alguien a quien se le conocía como el Árabe, un tipo parco, de poco hablar y mal encarado, de el sabía que tenia bastante dinero y muchos contactos, que la gente le respetaba y que algunos decían que era medio mafioso, aunque nunca nadie lo vinculó a algún negocio ilegal.

El Árabe me citó para el día siguiente, debía encontrarlo en cierto restaurante que el había escogido, lo común, quienes me contratan no suelen reunirse conmigo en sus trabajos o negocios, y esta cita no iba a ser lo contrario.

Como habíamos acordado llegué al sitio, lo hice unos minutos antes de lo previsto para poder ojearlo y cerciorarme de que no fuera una emboscada o algo, hay que cuidarse pues algunos de mis clientes tienen gente a quienes les gustaría eliminarlos, mirando al rededor puede notar a al menos tres sujetos que podrían ser sus gorilas. Unos minutos después llegó al Árabe, quien se sorprendió un poco mi puntualidad, pues según el solemos ser impuntuales.

Estuvimos hablando de cosas vanas, de deportes, política, mujeres a la par que comíamos algo ligero, y cuando estábamos a punto de terminar me dijo que necesitaba mis servicios -para eso estoy aquí le dije- y el me dijo que esta vez debería ser muy discreto más que nunca, el paquete a transportar sería pequeño, pero que su contenido era muy valioso para el, y se cercioró que entendiera que debía protegerlo a toda costa y que por nada del mundo debía perderlo, también me dijo que sabía que mis honorarios eran muy altos, pero que al igual que mis otros clientes no se preocuparía por eso.

Me dio las instrucciones, me dijo que me daría dos objetos y que en uno de ellos contendría la carga, el otro sería para despistar y que en ningún caso tratara de averiguar cual era la carga, que de hacerlo el se enteraría y sin dudarlo me mandaría a matar. Los objetos me resultaron curiosos pues no eran los usados común mente para transportar información o mercancía valiosa. Uno era una cigarrera de acero inoxidable con bordes dorados, el otro era un reloj de bolsillo o eso parecían, ambos con grabados estilo tribal y sellados o al menos esa era la impresión que daban.

Según sus instrucciones debía llevarlos a la capital, una vez allí contactar a un vendedor -probablemente traficante- de objetos antiguos conocido como el Buda, su tienda estaba en pleno centro de la cuidad, lo reconocería fácilmente pues era un hombre obeso de raza negra calvo con una larga barba, un Buda tatuado en su brazo izquierdo – de allí el apodo- y de voz muy gruesa casi gutural, según el Árabe de todas maneras el Buda me reconocería pues el lo había contactado y le había enviado mi descripción.

El traslado debía ser por vía terrestre, en auto bus para evitar llamar la atención y altercados, el árabe insistió en que era sumamente importante el ser discreto. Por último me dijo que tenia dos días a partir de ese momento para hacer la entrega.

El viaje

Esa misma tarde me dirigí a las oficinas de la línea de buses más exclusiva que iba a la capital, no deseaba ir en un bus de las líneas regulares y más baratas pues estos se detienen muchas veces en el camino y suelen ser requisados varias veces en su viaje por la policía, y compré un boleto para esa misma noche, pedí uno que saliera cerca de la media noche, así podría tolerar más fácilmente las 7 horas de viaje que vendrían, además los viajes nocturnos suelen ser menos accidentados, y el llegar temprano me permitiría hacer todo el mismo día y de presentarse algún altercado tendría tiempo para solucionarlo.

El bus partió puntualmente y a mi lado estaba una señora de unos sesenta y cinco años, de esas que no pueden estarse calladas a menos que estén dormidas, y como era de esperar estuvo tratando de buscarme conversación, a ratos le seguía la corriente a ratos bostezaba y estiraba mis brazos y piernas como para que se diera cuenta de que tenia sueño, hasta que luego de un rato se quedó dormida.

Me desperté con el alboroto, y no supe que sucedía sino unos segundos después cuando recibí el cachazo en la cabeza, estaban robando a todos los pasajeros.

-Dame el dinero, la cartera, el celular, ¡todo! Me gritaba el hombre.

Mientras yo hacia que registraba mi bolso de mano trataba de esconder el par de objetos que debía transportar, por suerte no eran tan grandes, aunque si los ladrones los hubieran visto sin duda me los hubieran arrancado de las manos. Nerviosa y rápidamente los coloqué debajo del asiento sostenido por la tira que ajusta el forro del asiento.

-Es, to to, todo lo que tengo -le dije a la vez que le entregaba mi billetera y un celular viejo que suelo llevar por si se presenta alguna emergencia.

Luego de quitarnos el dinero y algunas pertenencias los tipos se bajaron a toda prisa y se perdieron en el monte, no podría decir en que lugar exacto del camino ocurrió esto porque al rededor solo se veía monte, ni una luz de algún poblado, una estación de servicio, nada, además con el dolor de cabeza que me había dado a partir del golpe no tenia ni las ganas ni la capacidad de intuir o adivinar donde estábamos.

El autobús reanudó su marcha y la señora que gustaba de montar conversación no paraba de hablar del robo, mientras yo sacaba de debajo del asiento la cigarrera y el reloj, y los colocaba en mis bolsillos, prefería tenerlos allí que en otro sitio. Me recosté e inmediatamente me quedé dormido, supongo que fue por el golpe en la cabeza. El resto del viaje transcurrió sin más contratiempo, aunque para ser sincero me pareció largo, al menos más de lo que las 7 horas de mi reloj marcaban.

Buscando a Buda

Una vez llegué a la capital, tomé un taxi hacia una zona de hoteles que ya conocía muy bien, sabía que allí podría encontrar una habitación barata, cómoda y donde nadie hiciera preguntas.

Luego de eso comencé a buscar al tal Buda, solo tenía su descripción y la de su negocio, aunque con eso me bastaba y ya en otras ocasiones había encontrado personas con menos información que esa, así que en ese aspecto me sentía tranquilo.

Caminando por las calles del centro comencé a tener la impresión de que alguien me seguía, pero pensé que en la cuidad hay unos 4 millones de personas, el que alguien viniera atrás de mi era un hecho normal, aunque siguiendo los consejos del manual, que indica que no debes confiarte, comencé a hacer unos movimientos a fin de determinar si de verdad me seguían o solo eran ideas mías; Lo primero que hice fue algo obvio, me cambié de acera, y uno de los dos sujetos (que venían atrás como a 15 metros) se cambió también, luego crucé una esquina intempestivamente, y pocos segundos después apareció el dúo, finalmente me metí en una tienda por departamentos que encontré, me escabullí entre los pasillos y medio escondido entre la ropa comprobé que efectivamente me andaban siguiendo.

Eran dos hombres de estatura mediana, uno bastante delgado y el otro un poco más acuerpado, pensé que de haber necesidad podría con los dos, aunque de preferencia debía evitar cualquier altercado, por lo que me escondí unos minutos y luego abandoné la tienda.

Me detuve un rato a almorzar, con tanto ajetreo prácticamente me había dado la hora de cenar y no había comido nada en ese día, en ese momento el dolor de cabeza era producido más por el hambre que por el golpe recibido en el autobús.

Después de comer y habiéndome escapado de los sujetos me dediqué a buscar la tienda de artículos antiguos del Buda, en ello estuve lo que quedaba del día y vi tres tiendas que bien podrían ser, pero ya estaban cerradas así que no puede saber cual de ellas era.

Cansado con ganas de tomar una ducha tibia y un té caliente regresé al hotel.

Asalto en la habitación

Luego de ducharme y tomar un té, para relajarme, me puse a ver televisión, no si antes tomar la precaución de ponerle el seguro a la puerta, este era una de esas cadenas que se colocan en la parte trasera de la puerta y que evita que esta sea abierta completamente, a los pocos minutos me quedé dormido con la ropa puestas -había pensado en salir luego de descansar un poco- y el televisor prendido.

Cuando de repente una almohada en mi cara casi asfixiándome me despertó, me tenían sujeto por las extremidades y el rostro tapado con la almohada, escuchaba ruido de cosas cayendo al piso, al parecer buscaban algo, comencé a forcejear, y logré soltarme una mano, eso me permitió picarle con los dedos el ojo a uno de mis atacantes, admito que no sé como lo hice, ya con las manos sueltas pude asestarle un par de golpes a quien me sostenía los pies, el tercero –el de la almohada- no puso mucha resistencia y huyó; quien revisaba la habitación dejó de hacerlo y me dio un golpe que me hizo perder el equilibrio.

Cuando estaba aturdido por el golpe los tres restantes salieron de la habitación, intente seguirlos pero no puede y en su lugar busqué la cigarrera y el reloj, luego de mover unas cosas conseguí el reloj bajo la ropa, la cigarrera estaba bajo una mesa de noche, supongo que rodó hasta allí cuando ponían patas arriba la habitación.

Después de eso era claro que estaban buscando algo muy importante, también que no sabían que era, de hecho un maletín tipo ejecutivo, que suelo llevar para despistar, fue el blanco principal, se llevaron unos papeles y un par de memorias que tenia en el, nada realmente importante.

El que se llevaran esas cosas me indicó que al menos esa noche la terminaría de pasar en calma, pero por las dudas me fui del hotel, salí sin que me vieran y me hospedé en uno de mala muerte que estaba cerca, a estas alturas solo quería una cama donde dormir más o menos cómodo.

La entrega

Al día siguiente estuve despierto y levantado lo más temprano posible, pues debía localizar cual era exactamente la tienda del Buda, la primera que encontré era atendida por una pareja de viejos, que parecían casi tan antiguos como los objetos que allí vendían, se movían con una parsimonia y una modorra que parecía que te ibas a volver igual de viejos que ellos y aun no te daban la repuesta que buscabas.

Con la certeza que no era ese el sitio me marche rumbo a la segunda tienda, que estaba como a cuatro cuadras de la primera, llegue allí y me atendió un tipo bastante andrógino, que en nada concordaba con la descripción del Buda, de todos modos le pregunté por el, y haciendo un gesto de reprobación, me dijo que estaba equivocado, que esa no era su tienda, y me dio la dirección, no sin antes advertirme que ese tipo andaba en cosas raras, le agradecí por la información y me fui.

Luego de caminar por el boulevard y bajo el sol intenso que hacia a esa hora, llegué a la tienda del Buda, de la tras tienda salió una negra que parecía sacada de una película de kung fu de los 70, con un vestido vaporoso y un afro inmenso, además de llevar consigo una gran cantidad de pulseras y collares estrambóticos.

Le dije a la chica quien era y que andaba buscando al Buda, ella me contestó que lo sabían y que me estaban esperando, que aguardara un minuto, mientras le avisaba al Buda. Aproveché ese tiempo para ver la tienda, la misma era algo desordenada, y con muchos objetos raros, como para realizar ritos y celebraciones religiosas, de verdad que era bastante diferente a las dos anteriores, y en ella predominaban objetos tipo africanos.

Unos cinco minutos después de que la asistente del Buda me hubiera atendido apareció el Buda en persona, era exactamente como me lo habían descrito, solo que su voz sonaba mas grave de lo que me imaginé, esto junto con su tamaño lo hacían intimidante, luego del saludo y de preguntarme como me había ido me invitó a pasar a la tras tienda. Caminamos por un pasillo largo y poco iluminado, y casi al final de el encontramos una habitación, en ella habían un gran mesón algunas sillas y un sofá viejo de cuero desgastado, nos sentamos en el y comenzamos a hablar, Buda hizo traer unas cervezas, las íbamos tomando a la vez que hablábamos de cosas sin mucha importancia, hasta que en cierto momento me preguntó si había traído la mercancía, y o que había estado esperando esa pregunta desde hacia bastante rato –desde que llegué a la tienda, mas o menos- le dije que si sin dudar.

Buda se mostró bastante ansioso, y me di cuenta que no sabia cuales eran los objetos cuando deje entre ver el reloj y no hizo ningún gesto. Así que le dije estos son y se los entregué, en ese momento me dio un abrazo, cosa que me hizo sentir algo incomodo, pues no lo esperaba. Me dijo que no tenia idea de cuan importante era el contenido de los objetos para el y que se alegraba mucho de poder tenerlos en sus manos, también me contó que tenia años esperando poder tenerlos pero que debían cumplirse ciertas condiciones para que eso ocurriera, y había ocurrido justo ahora.

Me disponía a marcharme cuando el me detuvo, me dijo que como mensajero debía estar presente a la hora de la recuperación, traté de convencerlo de que mi trabajo estaba hecho pero el insistió, y para ser más convincente me mostró una de las armas que solía llevar consigo, pensé que mi vida valía más que cualquier cosa y desistí de la idea de marcharme.

La recuperación

Ya había oscurecido cuando Buda dijo que podríamos comenzar con la recuperación, a estas alturas no sabía de qué se trataba todo, pero imaginaba que no era solo entregar los objetos abrirlo y descubrir su contenido.

La asistente de Buda y otras personas que habían ido llegando en el transcurso de mi estadía allí, comenzaron a preparar la habitación para la recuperación, cuando todo estuvo listo, nos reunimos en torno al mesón, Buda se acostó sobre el y un tipo algo mayor hacia las veces de sacerdote, la habitación que en ese momento había dejado de estar iluminada por luces convencionales y que ahora la iluminaban velas y velones, lucia sombría, y estaba llena de olor a incienso.

El sacerdote o lo que fuese, comenzó con un ritual extraño, recitó un montón de oraciones en un idioma o dialecto que no entendí, y los asistentes le respondían, en cierto momento tomó el reloj lo pasó sobre Buda y sobre unas imágenes y lo lanzó con todas sus fuerzas hacia una pared, provocando que se abriera y los vidrios salieran volando por todos lados, esto me asustó un poco, pero en realidad, salvo eso, no pasó nada extraordinario. Luego tomo la cigarrera, y al igual que antes recitó las oraciones, la pasó sobre el gordo y luego la llevó a las imágenes, cuando la acercó, hubo un destelló muy grande en la habitación que me encegueció por unos instantes, Buda comenzó a temblar y una espuma blanquiverde comenzó a salir de su boca, los asistentes entraron en un frenesí, recitaban palabras extrañas y daban vueltas alrededor del mesón, como me encontraba en medio de todo eso no me quedó de otra que seguirles la corriente.

Aproximadamente media hora después de que el ritual comenzó y de manera violenta las luces de las velas se apagaron, todas al mismo tiempo, los compañeros de Buda se calmaron, yo no sabía que pensar, había presenciado un ritual mágico-religioso extraño y que no sabía para que lo habían realizado.

Cuando terminó Buda se incorporó del mesón, y de nuevo me agradeció, asentí con la cabeza mientras trataba de comprender que había sido todo ello.

Esa noche luego del ritual, bebimos hasta más no poder, al parecer mi anfitrión estaba muy contento pues la “recuperación” había sido un éxito y por lo tanto se sentía generoso.

No puedo decir como llegué al hotel, ni como subí a la habitación o quien lo pagó, solo se que me desperté al día siguiente con una resaca inmensa, con una gran cantidad de dinero y una nota que decía que lo aceptara, que era un regalo de parte del Buda eso hice y tan pronto me recuperé lo suficiente partí al aeropuerto y compre un boleto de regreso a mi cuidad de origen.

Desde ese día suelo pensar en lo que sucedió en esa habitación y trato de comprender que fue todo eso, pero no le encuentro una explicación lógica y racional, supongo que hay cosas que se escapan de la lógica y entran en otro campo.

Acerca de tesne

ingeniero,blogger, twitter, en general aficionado a la web 2.0 ademas de escalador, cuenta cuento (de vez en cuando) entre otras cosas..
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2 respuestas a El Mensajero [cuento]

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. ayelen dijo:

    esta muy buena tu historia segui participando

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